formalidad, poca pero que dure...
She was born with a gift of laughter, and a sense that the world was mad
perdí alejandría. perdí roma. perdí parís. perdí nueva york. perdí todos los imperios y todas las ciudades. perdí, perdí y aprendí a no esperar nada. me hice al tiempo y el tiempo se hizo a mí, y hoy nos perdemos mutuamente sin miedo al mañana. mañana será otro día y tú no estarás, y será como ayer, como hace un año, como en 2046. rosario de días vacíos como las palmas de mis manos. mírame. no soy nada desde que perdí mi imperio. y me acostumbré a perderte como quien se arruina poco a poco y de golpe está en bancarrota. fui rey, emperador, tirano. hoy sólo soy siervo del olvido. pude dictar caprichos sobre los confines de la tierra. pude dictar la mañana, la noche, las estrellas. y me hice al desamor como los viejos se hacen a la muerte. y ya nadie me cree, y sólo asienten como se hace con los locos. cuando les digo que el amor existe, que está tan cerca que tropiezo con él a cada momento, que corre por las calles, que me saca la lengua, que lo veo y me toca, que se esconde y se muestra, que me roza y se escapa, que existe, que lo he visto, que conozco su nombre y su número de teléfono. asienten y sonríen: “ya, yo estuve también allí, una vez, pero no recuerdo…”
hay mañanas en que despiertas convencido de que ‘sólo por hoy’ tratarás de hacer bien las cosas. a mediodía, casi a punto de sentirte orgulloso, recuerdas que te has dejado que debías porque dijiste por enésima vez en lo que llevas de semana que… 1 a 0 a favor de la tristeza. vas perdiendo. ah, pero si nunca tuve espíritu competitivo. es cierto. a quien no le molesta perder tampoco le interesa ganar. y mientras recalientas los spaghetti que ayer noche eran excelsos y hoy sólo son un plato de pasta piensas: ah, ahí está la clave. y entonces, casi a punto de sentirte orgulloso, recuerdas que es la enésima vez que descubres la sopa de ajo mientras el emmental se derrite por encima de la pasta y miras esas postales que te mandaron de egipto, de parís y de segovia y que cuelgas en la nevera y lamentas no haber estado ni siquiera en segovia.